Cuando cada tropiezo se sentía como un fracaso.

Cuando cada tropiezo se sentía como un fracaso.
Hola, soy Verónica, fundadora de Scrachee.

Hubo un tiempo en el que cada tropiezo se sentía como un fracaso personal.

Si mi hijo volvía a sangrar, se rascaba más de lo normal o aparecía otro brote de eczema, no lo veía como un tropiezo.

Lo veía como la prueba de que le estaba fallando.

Recuerdo escribirle a mi mamá mensajes como:

"Está sangrando otra vez."

"No sé qué hacer."

"Está empeorando."

Pero, si soy honesta, lo que realmente estaba tratando de decir era:

"Tengo miedo."

Miedo de que esto nunca terminara.

Miedo de que no hubiera una salida.

Miedo de estar invirtiendo tanto tiempo, energía y amor en ayudarlo, y que nada cambiara.

Cuando estás en medio de un proceso tan difícil, es muy fácil creer que la vida siempre será así.

Que esta será tu nueva normalidad.

Que nunca volverás a respirar con tranquilidad.

Que la piel de tu hijo nunca va a mejorar.

Que nunca volverán a dormir una noche completa.

Si soy completamente sincera, hubo momentos en los que de verdad pensé que no íbamos a salir adelante.

Lloré.

Recé.

Me apoyé en las personas que me querían.

Y hubo días en los que me sentía completamente vacía.

Pero seguí adelante.

No porque me sintiera fuerte.

Sino porque era mamá.

Y cuando amas a alguien de esa manera, sigues estando ahí, incluso en los días en los que sientes que ya no te queda nada más por dar.

Hoy, mirando hacia atrás, entendí algo.

No era que yo fuera más fuerte que los demás.

Es que somos capaces de mucho más de lo que creemos.

Y tú también lo eres.

Si hoy estás leyendo esto en medio de una de esas temporadas oscuras, si llevas lo que parece una eternidad buscando alivio o te preguntas si todo lo que estás haciendo realmente está marcando alguna diferencia, quiero que sepas que entiendo exactamente cómo te sientes.

Y también quiero que recuerdes esto.

La forma en que te sientes hoy no significa que te sentirás así para siempre.

Aunque ahora no puedas verlo.

Aunque parezca imposible.

Aunque estés agotada.

Ve un día a la vez.

Habla con alguien.

Llora si lo necesitas.

Desahógate.

Pide ayuda.

Y recuerda que no tienes que hacerlo todo perfecto para seguir avanzando.

Porque, a veces, la victoria no se ve como una transformación de la noche a la mañana.

A veces, la mayor victoria es simplemente decidir no rendirte.

Con cariño,

Verónica

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