Por qué esta misión se volvió personal...
Todo comenzó cuando mi hijo tenía apenas dos años. Le diagnosticaron eczema y, como muchas familias, seguimos el camino tradicional: cremas con esteroides tópicos. Al principio parecía que funcionaban… pero con el tiempo quedamos atrapados en un ciclo muy difícil. Usábamos la crema, su piel mejoraba, la dejábamos de usar y el eczema regresaba con más fuerza. Una y otra vez.
Para el 2020, la situación era muy diferente. Su piel se había vuelto extremadamente frágil y verlo sufrir era desgarrador. Busqué respuestas por todas partes, pero mientras más buscaba, más confundida, ignorada y sola me sentía.
Como mamá puertorriqueña criando a mi familia en Estados Unidos, no veía a nadie que se pareciera a nosotros hablando sobre el eczema. No encontraba historias, recursos en español ni una comunidad con la que pudiera identificarme. Ese silencio hizo que el camino se sintiera todavía más solitario.
Las noches eran largas y muy difíciles. Él lloraba mientras dormía y yo me sentaba a su lado para sostenerle las manos y evitar que se lastimara de tanto rascarse. Producto tras producto parecía empeorar las cosas. Muchos le ardían, le irritaban la piel o simplemente lo hacían sentir más incómodo. Nada se sentía seguro. Nada se sentía como la respuesta.
Fue entonces cuando tomé la decisión de buscar otro camino.